El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ha actuado como un movimiento popular y sólo en pequeña escala como una guerrilla. Su objetivo es claramente utópico. Al preguntarle al subcomandante Marcos por el sentido de su lucha, respondió: “No queremos el poder, sino algo más difícil: un mundo nuevo”. La utopía no es una fantasía infantil, sino la última barrera contra la barbarie. La resignación nunca es una opción racional y humana. Los pueblos deben seguir caminando, luchando, rebelándose, con la convicción de que la solidaridad, la justicia y la igualdad no son metas irrealizables, sino principios irrenunciables que nos humanizan y nos dignifican. Aunque ese esfuerzo parezca baldío, posee un enorme valor, pues introduce el sentido y la vida en la historia. El capitalismo siempre desemboca en escenarios de muerte y destrucción. La lógica de la acumulación es insaciable y absurda. No responde a necesidades reales, sino a una ambición de poder que destruye a la familia humana, dividiendo a los pueblos en explotadores y explotados y a las sociedades en ricos y pobres. La esperanza se subleva contra esta escisión y trabaja por lo bello, lo solidario y lo fraterno. La utopía es vida, generosidad, desprendimiento, comunión con el otro. Si el ser humano pierde ese horizonte, sólo le quedará una existencia miserable y una negrura sin límites, donde la palabra perderá su potencial transformador y no habrá un mañana ético, capaz de incendiar el corazón de las nuevas generaciones, instigándolas a luchar por un futuro sin víctimas ni pueblos crucificados. #NvidiaAIServerPricesRiseOver15%