Me estoy rompiendo el cerebro intentando anticipar lo que se avecina a partir del anuncio de la FED, la guerra de Oriente Medio que amenaza con volverse una guerra regional enviando el barril de petróleo a los 200 dólares y la crisis de las empresas tecnológicas que ya es indetenible, que he denominado "LA CRISIS DE LAS .COM 2.0" o el "efecto KIMI", que me impide ver una caída de las acciones de Intel a los 50 dólares y no los 90 dólares como precio de remate. Es importante no dejarse llevar por mis temores, finalmente solo soy un ser humano y me agobian los temores y me manipulan los sesgos. Aún así he querido compartir con ustedes mis muchos temores basados en la historia reciente del mercado. La historia puede evitar tropezar con la misma piedra dos veces, aunque el ser humano es experto en cometer siempre los mismos errores. Por otra parte, este artículo es fruto de un cerebro biológico y no de una IA que usa el principio algorítmico para exponer refritos humanos, como una forma de evitar sentirme culpable en caso de que lo peor ocurra, los mercados se desplomen y luego me diga a mí mismo que sabía que pude ayudarlos a no perder dinero y no se los advertí. Igual puedo equivocarme, quizás mañana Trump firma la paz con los iraníes y los hutíes, la FED recorta las tasas de interés un 25 % y Bitcoin se va a los 100 mil dólares y todos los mercados se pintan de verde esperanza. Si tuviese la certeza de que esto es lo que va a suceder me haría millonario en agosto y me compraría una propiedad en Grecia. Así que no puedo anticipar un escenario alcista en medio de tanta turbulencia, pero sí puedo, basado en la historia reciente, pintar con rojo sangre el peor escenario, evitando pérdidas irreparables para los pequeños inversores. Finalmente cada quien decide lo que hará con su dinero, no me culpen jamás de su acción o inacción, usen la inteligencia emocional y sepan que las pasiones son para la cama.

Retomando lo que me trajo aquí, algo me dice que los mercados aún no han tocado fondo y que todo lo que estamos viendo es solo una trampa silenciosa y letal construida en los laboratorios de Wall Street. Yo lo llamaría un espejismo que en el pasado reciente ha destruido más carteras de inversión que las propias crisis económicas. Supongo que muchos de ustedes están familiarizados con la llamada trampa para toros, en inglés se le menciona como Bull Trap, o el cruel llamado rebote del gato muerto. Como decidimos usar la historia reciente para saber o tener una idea de a dónde irán los mercados en agosto, vale la pena echarle un ojito al guion de siempre, que es lo que estamos viendo. El mercado sufre un duro revés, los precios caen y luego parece que se estabilizan por unos días, dejando a los activos, llámense criptomonedas o acciones tokenizadas, a precios en apariencia irresistibles. Nosotros, los inversores minoristas, compradores compulsivos y tentados por la idea de comprar con descuento, nos lanzamos al agua aún cuando la corriente no ha cambiado de dirección y sigue camino a una caída fenomenalmente alta, tan alta como el Salto Ángel o las cataratas del Niágara. Así que ya en el agua, y tras unas pocas sesiones después, la bolsa, las criptomonedas y todos los mercados se desploman con el doble de la violencia con la que venían haciéndolo, borrando cuentas y su dinero por completo o secándolas de liquidez, literalmente hablando.

Así pasamos de una corrección saludable hacia una capitulación estructural. La historia nos ha enseñado que el verdadero piso de los precios no se mide en días, sino en semanas y en dolorosos porcentajes de caídas y pérdidas.

Si miramos un largo tiempo atrás y vemos el fenómeno de los mercados financieros que enfrentan inflación, guerras, deudas y desempleo, veremos datos que demuestran que todo esto es el caldo de cultivo idóneo para que el pánico tome el control. ¿Cómo sabremos que el pánico tomó el control? Cuando un retroceso del precio rompe la barrera del veinte por ciento podemos decir que el pánico ha tomado el control. Muchos dirán que el mercado ya es bajista, pero eso no significa que no pueda bajar aún mucho más, sobre todo en las empresas tecnológicas, a las que les costará muchísimo justificar el enorme costo de su inteligencia artificial frente a las IA chinas prácticamente gratis. Así que no caigan en la trampa de que las criptomonedas tienen un suelo indestructible. Miren a Tezos, que mantuvo los 24 centavos de dólar como un suelo de titanio que parecía infranqueable y los 58 mil dólares de Bitcoin lo llevaron a 20 centavos. Así que deben aprender que el suelo histórico no se detiene cuando el pánico y la capitulación asumen el control. Por más que parezca estable o que ya pasaron meses, verán caídas perpendiculares en activos que hoy parecen muy sólidos. Imaginen a Avalanche cayendo a los 3.5 dólares. En escenarios como el de las crisis del 2000 o 2008, el fondo para la mayoría de los activos lo encontraron tras perder el 50 por ciento de su valor para las acciones y su precio para las criptomonedas.

Algunas veces, salvo anomalías raras, el proceso de desgaste dura meses. Ya lo estamos viendo con Bitcoin, que se viene desplomando desde los 120 mil dólares, y aunque pareciera que ya encontró su suelo definitivo, si la tormenta empieza en agosto pudiésemos ver una caída a los 52 mil dólares. Algunos incluso lo ven en 45 mil dólares. Ese es un escenario de capitulación que dudo veamos porque Bitcoin tiene dolientes. Si cayera a la zona de los 50 mil dólares, donde hay mucha liquidez, recuperaría los 60 mil dólares, donde va a lateralizar por un largo tiempo. Todo dependerá de qué tan dispuestos estén a defender ese precio quienes tienen muchos Bitcoin, o si ante una crisis sistémica el dólar se convierte en refugio y los ETF vuelan en desbandadas desde Bitcoin. Todo depende de los acontecimientos que estamos viendo en pleno desarrollo. La recuperación real que todos anhelamos hoy, si una caída brutal se materializa, difícilmente la veríamos el primer año tras la caída. La historia nos ha enseñado que rara vez llega antes de los 12 meses.

Mi incertidumbre actual no es nueva, escribo sobre esto sin perder el optimismo porque eso soy, un optimista por convicción, pero no estoy anclado a realismos mágicos porque mis análisis se fundamentan en las ciencias económicas, en la geopolítica y en la historia. Para que todo este montón de palabras tengan algún valor para ustedes quienes me leen, cumpliré el objetivo que era hacer un pronóstico sombrío a partir de la historia. Para eso citaré tres momentos claves de la historia donde el mercado, como hoy, prometió ofertas antes de ejecutar la masacre. Los más viejos recordarán claramente la burbuja Dot-Com del año 2000. Fue la lección del capital sin retorno. Todos esos millones y millones de dólares invertidos hoy en sostener la inteligencia artificial se invirtieron en aquel inolvidable año dos mil. Tras caer un 15%, las grandes tecnológicas parecían una ganga. Los inversores, como lo hacen hoy, compraron masivamente gigantes como Cisco e Intel. Era lógico invertir, se estaban gastando ríos de dinero en infraestructuras sin retornos claros a corto plazo, una imagen en el espejo que asusta hoy cuando vemos el enorme gasto actual en inteligencia artificial. El Nasdaq, en una caída desgastante, tocó fondo luego de perder el 78 por ciento de su valor. Muchos lloraron y hasta saltaron desde lo alto de un rascacielos. Ya para los adultos mayores, para nuestros abuelos, la crisis petrolera y de estanflación de 1974 nos dejó una dolorosa lección que hoy parece replicarse. Después de muchos rebotes en los precios, los inversores de aquella época dieron por sentado que la recesión había sido asimilada, pero rápidamente la realidad los alcanzó y, tras el conflicto en Oriente Medio y un choque inflacionario como el de hoy, la alta inflación forzó a la Reserva Federal a apretar los tornillos monetarios.

el S&P 500 por goteo acumuló una pérdida total del 48%. Por último, cómo olvidar el Crash del COVID-19 de marzo de 2020. Aún vive en nuestra memoria, fresco como un óleo recién pintado. Para marzo de 2020 el mercado cayó un doce por ciento y rebotó tímidamente a la semana siguiente, dejando la falsa sensación de que lo peor había pasado, pero la falta de liquidez convirtió rápidamente la caída en una torre. Fue una crisis breve, como la que anticipo, pero devastadora. Tocó fondo en solo 3 semanas. Los mercados colapsaron tras una primera caída, un 34 %. [1]

Pero cómo sabremos que hemos tocado fondo ante caídas a cuenta gotas y rebotes de alivio. Nosotros, que somos la borra del café, debemos mirar y vigilar cada movimiento de las grandes instituciones. Los ricos, los millonarios, no intentan adivinar ¡jamás! los precios más bajos. Ellos esperan la capitulación desde afuera. Un suelo definitivo no se adivina, se confirma mediante tres señales mecánicas insustituibles. Suenan complicadas, pero si vinieron a no perder dinero, agarren los libros y pónganse a estudiar. La primera señal es un VIX por encima de los 45-50 puntos. Esta es la métrica del pánico irracional. El suelo no aparece cuando hay optimismo cauteloso, sino cuando el inversor minorista, nosotros, tiramos la toalla y vendemos con pérdidas por pura fatiga psicológica, por miedo y por pérdida de propósito. Así que los ricos con Donald McPato estudian lo que se llama en economía de mercado el volumen de capitulación. El día en que el activo, sea criptomoneda o acción, toque el suelo, ese día se registra el mayor volumen de venta de todo el ciclo, dejando una clara vela de rebote masivo llamada martillo que los ricos esperan que sus asesores le confirmen diciendo Don Mario, la vela que tanto esperábamos está en la pantalla, respondiendo Don Mario pues apúrese y compre todo lo que pueda. Es en ese instante en el que Don Mario da la orden de comprar cuando los ricos y los poderosos entran a barrer los escombros, la basura que nadie más quiere. Por último, la señal de la Reserva Federal que es históricamente el mayor indicador. Lo llaman el gran pivote. Hasta este momento no veremos el suelo definitivo porque la capitulación necesita la bendición de la FED y la caída definitiva no se consolida hasta el día exacto en que la FED capitula, y lo hace anunciando recortes agresivos de tipos o inyecciones de liquidez de emergencia para salvar el sistema que, como ustedes pueden ver, ya agoniza.

Así que escribo esto no con ánimos de alarmar, no digan después que Giorgio es el profeta del desastre. Nadie más que yo ansía que la economía se recupere y que los mercados vuelen alto. Cuánto quisiera yo que lo que tengo en Bitcoin se multiplique con un Bitcoin a 140 mil dólares, y en algún momento pasará. Pero ahora me he tomado el tiempo para alertarlos sobre el mayor peligro para nosotros, los pequeños inversores, cuando la volatilidad que estamos presenciando nos empuja a comprar de manera compulsiva un activo que creíamos que ya había tocado fondo y por culpa de la impaciencia y el FOMO quedamos atrapados. En momentos como estos la tentación de atrapar el cuchillo mientras cae suele ser fatal para nuestro capital, para nuestro dinero. Así que, en lo personal, cada quien tiene su propia estrategia, yo, hasta que la capitulación no sea evidente y los indicadores macroeconómicos me confirmen un cambio de rumbo, no entro. Recuerden que en Wall Street los precios con descuento de hoy suelen ser las pérdidas irreparables de mañana.

Un abrazo fuerte en la distancia,

Giorgio Sferraza

Licenciado en Administración de Empresas