Octubre arrancó con un amago alcista —#bitcoin llegó a tocar los 87.000 dólares en los primeros días—, pero el impulso se agotó rápido. Desde entonces, la criptomoneda líder se ha movido en un rango estrecho de 81.000 a 83.000 dólares, con una breve caída por debajo de los 80.000 a finales de mes. Ethereum, por su parte, ha perforado los 2.400 y coquetea con los 2.300, mientras que Solana se aferra al nivel de los 100 dólares.

La explicación inmediata es macroeconómica. Los datos de inflación de septiembre en Estados Unidos sorprendieron al alza —el índice de precios al productor registró su mayor salto mensual desde marzo de 2022—, y el mercado empezó a descontar una probabilidad cercana al 80% de que la Reserva Federal suba tipos en diciembre, no que los baje. Con el rendimiento del bono a diez años por encima del 5,1%, el dinero barato que alimentó las grandes subidas de años anteriores simplemente no está disponible.

A eso se sumó un factor técnico: la presión vendedora de actores puntuales. A principios de octubre, el gobierno estadounidense transfirió a exchanges bitcoins por valor de más de 1.540 millones de dólares, y un conocido minero liquidó una posición significativa de #WBT en plena caída, amplificando el movimiento bajista.

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