💸Venezuela enfrenta un dilema monetario: la academia propone un bimonetarismo formal en papel, mientras el comercio cotidiano opera con dólares digitales. USDT mueve remesas y compras sin esperar leyes. ¿El abismo? Alta adopción en la calle, cero integración bancaria.

La academia de economistas plantea formalizar la convivencia bolívar-dólar, pero no contempla la stablecoin que mueve la economía diaria.

La propuesta prioriza disciplina fiscal y autonomía del BCV, pero no define el lugar del USDT.

Mientras el documento habla de bolívar y dólar, el USDT ya paga remesas, salarios y compras.

El bolívar acumulaba otra semana de caída libre cuando, el 10 de septiembre de 2026, la Academia Nacional de Ciencias Económicas (ANCE) presentó su veredicto sobre la dolarización plena para Venezuela. Su conclusión no admite ambigüedades. Creen que el bolívar no debe desaparecer, y que el sistema monetario necesita una cirugía mayor.

Fundada en 1983, la ANCE reúne a los principales economistas, profesores de mérito y exdirectores del Banco Central de Venezuela. Históricamente, sus pronunciamientos y modelos macroeconómicos han servido de referencia técnica ante las grandes crisis inflacionarias del país.

La ANCE plantea legalizar el uso simultáneo del bolívar y el dólar. No proponen eliminar la moneda nacional ni mantener el escenario actual, sino formalizar en la ley lo que los ciudadanos ya hacen a diario en las calles.

El documento, firmado por Urbi Garay Lluch y Roberto Briceño-León, advierte que dolarizar al país, sin reservas suficientes, sin reforma constitucional y sin un Banco Central autónomo sería «traumático».

Sin embargo, en todo el comunicado de la ANCE no aparece una sola mención a USDT. Obviar el papel de la stablecoin emitida por Tether resulta un desfase frente a la realidad operativa del país, pues el texto se limita a la divisa física y bancaria en un entorno de severas restricciones de acceso al efectivo y límites en los canales electrónicos.

Este criptoactivo, comúnmente llamado ‘el dólar de Binance’ por los usuarios, se ha convertido en el medio habitual para comprar víveres, pagar alquileres y recibir remesas, además de ser el vehículo utilizado por la industria petrolera local para canalizar sus liquidaciones comerciales.

El bimonetarismo propuesto no es el que Venezuela ya vive

La ANCE se pronuncia en un momento de alta tensión. El 31 de agosto de 2026, Steve Hanke, economista de Johns Hopkins y promotor de reformas monetarias, entregó formalmente a la Casa Blanca su plan para dolarizar Venezuela. La propuesta, elaborada junto al diputado Antonio Ecarri, busca sustituir el bolívar por el dólar como moneda de curso legal.

Hanke integra el equipo de asesores del proyecto «Gran Estrategia del Dólar», una iniciativa promovida por sectores políticos de Washington para expandir la hegemonía de la divisa estadounidense a escala internacional, con Venezuela y Argentina como candidatos prioritarios

La postura de la academia marca cancha frente al plan de Hanke. Respalda la alternativa bimonetaria que Consecomercio también promueve, inspirada en el modelo peruano.

Consecomercio, a través de su presidente, José Gregorio Rodríguez, propone formalizar la convivencia del bolívar y el dólar para activar el crédito bancario represado.

Pero el modelo peruano no contempla stablecoins. Y Venezuela no es Perú.

La brecha entre el diagnóstico y el remedio

Según el ranking de TRM Labs, Venezuela escaló al puesto 17 de adopción de activos digitales a nivel global en el primer trimestre de 2026, con un volumen minorista atribuido de 18.300 millones de dólares. Y USDT representa aproximadamente el 90% de los listados activos en la plataforma de comercio entre pares (P2P) de Binance con bolívares.

El giro del gobierno resulta revelador porque tras haber limitado el uso de stablecoins por considerarlas una amenaza para la moneda nacional, hoy permite que los bancos vendan a empresas locales los USDT provenientes de las exportaciones petroleras. La restricción duró hasta que las sanciones financieras aislaron al país del circuito bancario internacional en dólares.

Este vacío regulatorio dio pie a propuestas alternativas. Alejandro Grisanti, director de Ecoanalítica, plantea la emisión de un token digital nacional referenciado al dólar (una stablecoin propia y regulada). Su objetivo no es promover USDT, sino crear una alternativa soberana con estrictos mecanismos de cumplimiento (AML/KYC) y trazabilidad bancaria formal.

Para Grisanti la lógica es que si ciudadanos y comercios usan dólares digitales para eludir la escasez de efectivo, ignorar la herramienta no la hace desaparecer.

Flujo operativo del dólar digital (USDT) en Venezuela: desde el ingreso por exportaciones y remesas hasta su liquidación en la banca local y el consumo cotidiano.

Sin embargo, basar el sistema en USDT implica un riesgo de censura. Tether es una entidad centralizada capaz de congelar direcciones por orden de autoridades extranjeras, tal como ocurrió en enero de 2026 con el bloqueo de 182 millones de dólares en billeteras vinculadas a operaciones locales.

Una stablecoin nacional busca mitigar esa vulnerabilidad externa. La contrapartida es evidente: perder la liquidez global e inmediata que ya ofrece USDT, así como su aceptación como medio de pago a nivel internacional.

¿Se puede formalizar un sistema monetario sin la moneda que ya lo sostiene?

Para Carmelo Asta, responsable de M3×C en Latinoamérica, Venezuela vive un escenario de «alta adopción y baja integración». Aunque el uso de stablecoins es masivo en la población, carece de canales formales que conecten las plataformas de comercio con la banca local y la regulación estatal.

La cartera crediticia venezolana equivale al 3% del PIB, mientras en la región el promedio se ubica alrededor del 50%.

La ANCE tiene razón en algo: la transformación del régimen monetario es impostergable. Su advertencia sobre los riesgos de dolarizar sin condiciones es sólida. Su propuesta de un bimonetarismo ordenado tiene fundamento técnico.

Pero el marco conceptual que utiliza pertenece a un mundo donde las monedas solo pueden ser emitidas por Estados soberanos. Ignorar el uso cotidiano del USDT en la economía real implica dar la espalda a la forma en que el venezolano común resuelve la falta de efectivo y las trabas del sistema bancario formal.

USDT no esperó permiso para convertirse en la segunda moneda del país. No pidió reforma constitucional. No necesitó un Banco Central autónomo. Se instaló en la economía real mientras los economistas debatían en el papel.

Formalizar un bimonetarismo sin nombrar el USDT es construir un régimen monetario para un país que ya no existe.

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