El país que apostó su economía entera a Bitcoin... y usó volcanes para respaldarlo

Arrancamos la semana 7 con una historia que no es sobre una persona ni una empresa, sino sobre un país completo apostando algo que ningún otro gobierno del mundo se había atrevido a probar.

El 7 de septiembre de 2021, El Salvador se convirtió en el primer país del planeta en convertir a Bitcoin en moneda de curso legal, con el mismo estatus que el dólar estadounidense (la moneda oficial del país desde 2001). De un día para otro, en teoría, cualquier negocio del país estaba obligado a aceptar Bitcoin como forma de pago si el cliente así lo pedía.

El presidente Nayib Bukele lo vendió como una apuesta por la inclusión financiera: en un país donde una gran parte de la población no tenía acceso a cuentas bancarias tradicionales, pero sí a un teléfono celular, Bitcoin prometía ser una puerta de entrada al sistema financiero sin intermediarios. El gobierno lanzó su propia billetera digital, "Chivo", y regaló 30 dólares en Bitcoin a cada ciudadano que se registrara.

Pero el detalle verdaderamente insólito de todo este plan fue de dónde iba a salir la energía para todo esto. Bukele anunció la construcción de "Bitcoin City", una ciudad entera diseñada específicamente para minar Bitcoin, ubicada junto al volcán Conchagua, usando energía geotérmica generada directamente por el calor volcánico. La idea era literalmente usar el fuego de un volcán activo para alimentar los servidores que procesan transacciones de Bitcoin, con cero impuestos para atraer inversión extranjera a la zona.

Para financiar toda esta visión, el gobierno también diseñó los llamados "bonos volcán": bonos respaldados por Bitcoin con los que planeaba recaudar 1.000 millones de dólares, sujetos a varios retrasos regulatorios antes de conseguir aprobación.

Durante los primeros años, los organismos financieros internacionales miraron todo esto con preocupación abierta. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial advirtieron repetidamente sobre los riesgos de atar parte de las finanzas de un país a un activo tan volátil. Y las encuestas y estudios internos mostraban algo incómodo para el plan original: la mayoría de la población seguía prefiriendo el dólar para su día a día, y el uso real de Bitcoin en transacciones cotidianas resultó ser mucho menor de lo que el gobierno esperaba.

El giro llegó en enero de 2025. Para conseguir un préstamo de 1.400 millones de dólares con el FMI, la Asamblea Legislativa salvadoreña, con mayoría oficialista, aprobó en un trámite exprés una reforma que eliminó la obligatoriedad de aceptar Bitcoin como pago. Meses después, en febrero de 2025, Bitcoin dejó de tener el estatus pleno de moneda de curso legal que tuvo desde 2021, y su uso en negocios pasó a ser voluntario en lugar de obligatorio.

Y aquí está el giro dentro del giro: pese a ceder ante el FMI en la parte legal, el gobierno salvadoreño no dejó de comprar Bitcoin. Todo lo contrario, siguió acumulando reservas de forma activa, y a inicios de 2026 el país mantiene miles de Bitcoin en sus reservas nacionales, con una valorización muy por encima de lo que pagó originalmente por ellos.

Lo que más me deja pensando de esta historia es lo poco común que resulta ver a un gobierno mantener una convicción tan pública sobre un activo, incluso después de tener que dar marcha atrás legalmente por presión de organismos internacionales. La ley cambió. La apuesta personal del gobierno, aparentemente, no.

¿Tú qué crees, el experimento de El Salvador con Bitcoin fue una visión adelantada a su tiempo que el mundo todavía no supo apreciar, o una apuesta arriesgada que terminó costándole más de lo que le dio al país?