El sistema financiero global se rige por una norma invisible por la cual el dinero siempre debe fluir. ¿Cómo es posible entonces que Estados Unidos esté a las puertas de una posible crisis de liquidez mientras los índices bursátiles globales pulverizan sus anteriores máximos? La realidad técnica es que el sistema financiero se enfrenta a unos niveles de reservas que no son fruto de un accidente sino de un drenaje estructural. Las reservas bancarias en la Reserva Federal (Fed) han caído por debajo de los 3 billones de dólares y este dato representa un punto de tensión que empieza a separar un mercado con efectivo abundante de uno que puede dar problemas. Si los bancos tienen menos munición para inyectar dinero cuando el sistema lo necesita, ¿por qué los inversores institucionales están comprando acciones de forma agresiva? Otra señal de que algo no marcha como debería está en la Facilidad de Recompra Permanente (SRF). Este mecanismo funciona como una válvula de emergencia de la Fed que permite a los bancos intercambiar bonos por efectivo de forma inmediata. En condiciones de mercado normales prácticamente nadie la utiliza porque las entidades prefieren financiarse entre ellas para evitar el estigma de pedir ayuda al Banco Central. Sin embargo, el hecho de que esta válvula se haya reactivado en los últimos meses sugiere que hay episodios puntuales de tensión en la financiación.