La IA pasa factura, por Javier Molina
Javier Molina, analista de mercados de eToro, plantea una idea incómoda: la inteligencia artificial puede transformar la economía y, a la vez, ser una inversión decepcionante para quienes financian su desarrollo.
El ejemplo es Alphabet. Google Cloud duplicó sus ingresos en el tercer trimestre, pero los inversores ya no miran solo las ventas. Miran también cuánto hay que invertir en centros de datos, chips y electricidad para mantener ese ritmo, y cómo se financia.
Para Molina, eso cambia la forma de valorar a estas empresas:
• Una compañía puede vender más y merecer una valoración inferior si necesita dedicar cada vez más recursos a defender su posición.
• Si recurre a deuda o emite acciones, el retorno por acción para quien ya estaba dentro es menor.
• Importa quién está detrás de los pedidos. Alphabet incluye en su cartera contratada 16.800 millones de dólares de Crux AI, una sociedad en la que participa y a la que respalda financieramente, en torno al 3 % del total.
Dibuja tres escenarios. En el favorable, el uso de la infraestructura crece lo suficiente para recuperar la caja después de invertir. En otro, la IA cumple buena parte de sus promesas mientras la inversión y la competencia absorben el retorno durante años. El más delicado llegaría si la financiación más cara empezara a frenar proyectos y pedidos.
Antes de comprar la caída, Molina miraría la caja que queda después de invertir, la evolución del número de acciones y la capacidad de cumplir compromisos sin volver una y otra vez al mercado. Su conclusión: una caída del 20 % solo dice cuánto ha bajado una cotización, no cuánto vale lo que compras.
Contenido informativo, no es asesoramiento de inversión.
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