El impacto ambiental del Fenómeno de El Niño se ha intensificado drásticamente debido al desmedido consumo energético y hídrico que exige la infraestructura global de la inteligencia artificial. La proliferación masiva de centros de datos necesarios para entrenar y operar estos modelos requiere millones de litros de agua para sus sistemas de refrigeración y una demanda eléctrica constante alimentada por combustibles fósiles. Esta huella de carbono acelerada contribuye de manera directa al calentamiento global y a la alteración de las temperaturas oceánicas, exacerbando la frecuencia y severidad de las sequías, inundaciones y anomalías climáticas extremas que caracterizan a El Niño.