Septiembre me dejó una imagen que no me voy a olvidar.

Una moto tirada en el asfalto.

Venía yendo a trabajar.

Unos segundos antes estaba pensando en cualquier cosa.
Unos segundos después estaba mirando mi moto golpeada, haciendo trámites, hablando con seguros y preguntándome qué iba a pasar.

Pero ese día entendí algo que el dinero nunca me había enseñado:

**hay cosas que podés perder en segundos y no existe ninguna operación capaz de recuperarlas.**

Y mientras intentaba resolver el accidente, también tenía otra cuenta pendiente conmigo.

**USD 16.629 perdidos.**

Ahora, además, **USD 1.569 de deuda**.

Lo más extraño es que sigo levantándome.

Sigo trabajando.

Sigo pensando en ahorrar.

Sigo intentando entrenar.

Sigo intentando ordenar mi cabeza.

Sigo intentando acercarme a Dios.

Desde afuera probablemente parezca que no pasó nada.

Pero yo sé que este año hubo momentos en los que sentí que estaba reconstruyendo demasiadas cosas al mismo tiempo.

Una moto.

Mis finanzas.

Mi disciplina.

Mi cabeza.

Mi fe.

Y quizás esa sea la parte que más me duele:

**no quiero que mi vida se convierta en una colección de cosas que tuve que reconstruir por decisiones que yo mismo tomé.**

El accidente me recordó que hay cosas que pueden cambiar en un segundo.

Las pérdidas me enseñaron que otras las destruís lentamente.

Y ahora tengo que aprender la parte más difícil:

**dejar de buscar una forma rápida de recuperar lo perdido y empezar, otra vez, a construir.**
$QNT $BTC les deseo un mejor fin de septiembre que el mio.