El mercado cripto sigue profundamente ligado a la macroeconomía y, en particular, a las expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal. Bitcoin se mantiene operando dentro de un rango clave, con niveles técnicos importantes concentrados en zonas de soporte donde el RSI se mueve cerca de neutral (40–50), reflejando indecisión del mercado. La liquidez sigue siendo el principal catalizador: cada dato de inflación, empleo o consumo ajusta las probabilidades de recortes de tasas. Aunque el consenso empieza a inclinarse hacia eventuales recortes de tipos, la Fed continúa siendo cauta, lo que mantiene a los activos de riesgo —incluidas las criptos— en un entorno de alta volatilidad y movimientos rápidos impulsados por noticias.
En paralelo, el frente regulatorio y fiscal añade otra capa de presión. En EE. UU., el avance de normas de reporte obligatorio de transacciones cripto y cost basis está cambiando el comportamiento de muchos inversores, mientras que en Europa el marco regulatorio busca mayor trazabilidad y control. A corto plazo, esto genera fricción y salidas especulativas; a largo plazo, aporta legitimidad y reduce riesgos estructurales. Técnicamente, el mercado muestra menor volumen spot y mayor peso del trading derivado, señal de que la confianza aún no se consolida. En conjunto, el ecosistema cripto atraviesa una fase de transición: atrapado entre la expectativa de tasas más bajas, un marco regulatorio más estricto y una adopción institucional que avanza de forma lenta, pero constante.
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