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Los terremotos provocan choques económicos severos a corto plazo debido a la destrucción física de infraestructura y el cese de operaciones comerciales. A mediano y largo plazo, sus implicaciones financieras abarcan distintos ejes clave:

​Pérdidas Directas y Caída del PIB

​Destrucción de capital: Edificaciones, carreteras, redes eléctricas, tuberías de agua y centros logísticos sufren daños masivos, reduciendo drásticamente la capacidad productiva nacional.

​Impacto en el crecimiento: Las estimaciones suelen señalar pérdidas equivalentes a un porcentaje significativo del Producto Interno Bruto (PIB), ralentizando la proyección de crecimiento e introduciendo riesgos de estancamiento o recesión.

​Desafíos Fiscales e Inflación

​Presión sobre el gasto público: Los gobiernos se ven obligados a reorientar presupuestos hacia la atención de emergencias, subsidios y reconstrucción.

​Riesgo monetario: Si el esfuerzo de reconstrucción se financia mediante emisión monetaria sin respaldo o deuda no sostenible, se incrementan las presiones inflacionarias y la depreciación de la moneda local.

​Escasez de divisas: Aumenta la demanda de importaciones (maquinaria, materiales de construcción, insumos médicos), erosionando las reservas internacionales.

​Sectores Productivos y Empleo

​Interrupción de la oferta: Pequeñas y medianas empresas enfrentan quiebras o suspensiones prolongadas por falta de servicios básicos o daños estructurales.

​Impacto en el consumo: El ingreso familiar disminuye, desplazando el consumo general hacia bienes de estricta supervivencia y ralentizando el comercio minorista.

​Dinamización de la construcción: La fase de reconstrucción actúa a menudo como un motor de demanda interna, impulsando el empleo en los sectores de construcción, ingeniería e industrias de insumos básicos