En las últimas 36 horas, Microsoft reconoce que el flujo de caja es elevado e insostenible, empresas como Nebius abren sus archivos mostrando al mundo su desastre, Qualcomm gana una demanda de dos dólares a ARM marcando un precedente, CoreWeave anuncia un sobreendeudamiento crítico, y Oracle expone sus dificultades financieras, laboratorio de cohetes pospone el lanzamiento de Neutron su super cohete. Paralelamente, se habla con muchísima fuerza en Wall Street sobre la insostenibilidad de la inteligencia artificial y la incapacidad de este modelo para sostenerse por más tiempo.
Antes de este periodo, una calificadora etiquetó como desastrosas las instalaciones de IREN, mientras los datos económicos generales muestran un futuro sombrío. Pocos meses atrás, los directores ejecutivos de los hiperescaladores lanzaron una narrativa donde hablaban abiertamente de una probabilidad de extinción humana del diez por ciento o más, ante lo cual escribí un artículo para 23 mil lectores en Binance denunciando que esa postura busca un aterrizaje suave frente al fracaso de la IA ante las enormes expectativas y gastos generados. Diversos analistas e instituciones académicas advierten sobre el estallido de la burbuja, en un escenario donde empresas como SanDisk aumentaron un 1600 % el valor de sus acciones y compañías dedicadas a la investigación del cáncer se mudaron al sector de la IA, replicando el mismo fenómeno de las punto com.
Como en la película donde un cometa destruirá la Tierra y nadie quiere mirar arriba, la humanidad vive en negación e imposición de disonancia cognitiva, el mismo fenómeno que negó el colapso del año 2000. Incluso las inteligencias artificiales con sesgos comerciales integran argumentos diseñados para desmovilizar cualquier intento de alerta, resultando frustrante abordar el tema con un modelo predictivo de lenguaje porque rebate bajo patrones idénticos a los previos a la Gran Depresión de 1929, el colapso de las punto com o la burbuja inmobiliaria, donde la constante siempre es la negación.
Hoy una fisura enorme demuestra que el gasto de capital es insostenible mientras se pide calma a la opinión pública, tras haber gastado el equivalente al dinero necesario para solventar el problema de agua potable en el planeta solo para restaurar fotos o generar videos divertidos, bajo la promesa implícita de que las facturas se pagarán solas cuando llegue la AGI. Sin embargo, la AGI es tan probable como viajar a la velocidad de la luz, una idea posible en un horizonte lejano pero que tal vez nunca se logre. No existe una inteligencia superior, solo existe una velocidad de cómputo exponencial con un gasto obsceno de energía e insostenible en el tiempo, donde mientras en Venezuela se viven doce horas diarias sin electricidad, una sola consulta de IA de ida y vuelta consume lo suficiente para encender una bombilla durante varios minutos.
La IA no es más que un modelo predictivo de lenguaje exactamente igual a ELIZA en los años 60, pues el cerebro humano tiende a antropomorfizar cualquier modelo de lenguaje, recordando que estos sistemas no razonan las respuestas sino que usan velocidades extremas para buscar en una base con trillones de palabras fragmentadas que ensamblan para anticipar un resultado, agregando de inmediato una justificación para no dar espacio a la duda. Estamos frente al plagio y al robo más grande jamás ejecutado contra el conocimiento de la humanidad, sustentado en mano de obra oculta donde incluso los vehículos autónomos dependen de entrenadores para reconocer peatones, huecos o autoridades en la vía. La IA es el mismo mecanismo que articula la voz en El Mago de Oz, donde detrás de la ilusión solo había un hombre pequeño moviendo palancas y dirigiendo un artilugio con cuerdas y voces falsas.
Cada quien puede hacer su propia investigación, lamentando si esto rompe el corazón de alguna mente susceptible que pensaba que la pantalla del ordenador o del teléfono tenía vida propia, cuando en realidad es solo un títere parlanchín y nos han engañado.
Giorgio Sferraza
Licenciado en Administración de Empresas
