Desde 2025, $BTC ha entrado en una fase inesperada: su comportamiento de corto plazo comenzó a reaccionar con fuerza a las decisiones, gestos y discursos de Donald Trump. Tras su victoria electoral en noviembre de 2024, el mercado descontó rápidamente un cambio de clima regulatorio para los activos digitales, impulsando a BTC a nuevos máximos históricos y reforzando la percepción de que la política estadounidense volvió a ser un factor clave en la formación de precios. Promesas de un entorno más favorable, el fin de la presión regulatoria heredada y señales pro-cripto transformaron a Trump en una variable que los mercados ya no pueden ignorar.
Este giro no ocurre en el vacío. Bitcoin hoy convive con una mayor adopción institucional, flujos de capital más sensibles a la liquidez global y expectativas regulatorias que lo acercan al pulso de Wall Street. A ello se suma la participación directa de grandes empresas del ecosistema en el financiamiento político, diluyendo la antigua narrativa de independencia absoluta. El resultado es un BTC cada vez más reactivo a la agenda política y geopolítica de Estados Unidos, donde cada anuncio, tensión internacional o promesa regulatoria se traduce en volatilidad inmediata. Más que una anomalía, esta “trump-dependencia” refleja la madurez y las nuevas contradicciones de un activo que pasó de desafiar al sistema a interactuar con él.

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