Gerald Cotten falleció durante su luna de miel en India, con apenas 30 años. Era el único que conocía las contraseñas que daban acceso a 190 millones de dólares en fondos de clientes. De un momento a otro, ese dinero desapareció sin dejar rastro: no había copias de seguridad, ni plan de recuperación, ni otra persona con acceso. Solo un CEO muerto y una billetera fría imposible de abrir.

Esa fue, al menos, la versión oficial.

Pero cuando los investigadores empezaron a profundizar, surgieron dudas. Al localizar las billeteras frías de Quadriga —que supuestamente guardaban esos fondos— descubrieron que estaban vacías. No habían sido hackeadas ni vaciadas recientemente, sino que llevaban mucho tiempo así.

Todo apunta a que Gerald había estado trasladando en secreto el dinero de los clientes a cuentas personales durante años. De día dirigía el mayor exchange de criptomonedas de Canadá; de noche, lo vaciaba desde dentro. Nadie lo detectó. Nadie auditó. Todos confiaron en él.

Y lo más inquietante viene después.

Su cuerpo nunca fue examinado con rigor y fue enterrado rápidamente. Cuando las autoridades pidieron exhumarlo para confirmar la causa de muerte, la familia se negó. Ninguna investigación logró cerrar el caso de forma concluyente.

Además, se registraron movimientos en la blockchain relacionados con esas billeteras después de la supuesta muerte de Gerald.

No se puede afirmar que fingiera su muerte… pero tampoco descartarlo por completo.

El dinero desapareció. Las billeteras ya estaban vacías antes de su fallecimiento. El entierro fue apresurado. Y, hasta hoy, no hay una explicación clara.

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